¡Bad Bunny conquista el Super Bowl con récord de audiencia y desata tormenta política en EE.UU.!
El puertorriqueño Benito Martínez, conocido como Bad Bunny, cautivó al público en el Levi’s Stadium de Santa Clara con un show de medio tiempo que reunió a 128,2 millones de espectadores en Estados Unidos, superando la media del evento (124,9 millones) y posicionándose como el cuarto más visto de la historia de la NFL. Lejos de «desplomar» la audiencia, como se rumoreó en redes, su actuación eclipsó incluso el promedio general del Super Bowl LX, donde Seattle Seahawks venció a los Patriots, y generó 4.000 millones de visualizaciones en las primeras 24 horas entre TV, streaming e influencers.
No solo brilló musicalmente, sino que avivó un fuego político abrasador. Donald Trump, presidente de EE.UU., lo tildó de «absolutamente terrible» en redes sociales, sumándose a un rechazo conservador que comenzó antes del show: el mandatario se declaró «anti-Bad Bunny» y boicoteó el evento, calificando de «terrible decisión» su elección junto a Green Day. Políticos como Kristi Noem y Mike Johnson exigieron su reemplazo debido a críticas previas a ICE, donde el boricua expresó su apoyo a los inmigrantes como «humanos y americanos».
La polémica creció con una petición online de más de 100 mil firmas para sacar a Bad Bunny por George Strait, argumentando que el show debía «unir al país» con música country «clásica americana». Conservadores MAGA contraatacaron con un «All-American Halftime Show» alternativo liderado por Kid Rock, organizado por Turning Point USA, convirtiendo el halftime en una batalla cultural por idioma, identidad latina y poder blando. Encuestas entre jugadores NFL revelaron que el 41,4% desaprobaba al artista, citando desconocimiento de su música o preferencia por «alguien estadounidense.»
Pese a la controversia, Bad Bunny rompió récords: superó shows previos como el de Usher (129,3 millones en 2024), aunque quedó atrás del récord de Kendrick Lamar (133,5 millones en 2025) y Michael Jackson (133,4 millones en 1993). La audiencia latina explotó en Telemundo, con 4,8 millones en el pico del descanso, siendo la Super Bowl más vista en español en EE.UU. Su impacto digital multiplicó escuchas en Apple Music por siete, y hasta su camiseta Zara se revende a precios exorbitantes.
En este Super Bowl cargado de tensiones migratorias —con desmentidos sobre la presencia de ICE en el estadio—, Bad Bunny no necesitó un discurso explícito: su presencia en español, orgullo puertorriqueño y estilo urbano fue un golpe simbólico al establishment. Roger Goodell, comisionado NFL, lo defendió: «unir a la gente», y el boricua prometió una celebración cultural. Orgullo latino en su máxima expresión: el Conejo Malo no solo cantó, sino que redefinió el halftime en tiempos de grieta política estadounidense.
