Luciano Castro rompió el silencio desde su internación voluntaria en una clínica de rehabilitación, aclarando que su decisión busca sanar un cuadro emocional profundo tras escándalos mediáticos y la ruptura con Griselda Siciliani.
El actor de 50 años, conocido por ficciones como Las Estrellas, ingresó por propia voluntad al centro Vida Sana en Entre Ríos, un lugar especializado en tratamientos terapéuticos grupales para salud mental y equilibrio conductual, lejos del ruido de los medios y las redes sociales que lo agobiaban. Fuentes cercanas revelaron que el disparador fue la filtración de un audio privado en España, que expuso una infidelidad y precipitó la separación de Siciliani, sumado a un duelo intenso por «el amor de su vida» y días «muy malos» donde tocó fondo anímicamente. «Me interné porque quiero estar bien», le dijo Castro a Moria Casán en un mensaje privado, enfatizando que extraña a Griselda y prioriza estar en eje con sus hijos.
En programas como LAM y A la Barbarossa, panelistas como Pía Shaw y Pepe Ochoa describieron un Castro abatido en Mar del Plata hace un mes, sintiéndose «mandado a la hoguera» por burlas, memes y amarillismo mediático que lo llenaron de ira y tristeza. No se trata de adicciones ni urgencia médica, aclararon, sino de desintoxicarse del entorno tóxico para «sacarse fantasmas» y ordenarse, con contacto limitado al celular para hablar con su círculo íntimo, incluyendo videollamadas con sus hijos vía la exesposa Sabrina Rojas.
Señales positivas llegan desde el productor Pablo Culell: Castro debe retomar grabaciones el 15 de marzo para la segunda temporada de una serie de Netflix, y su recuperación está planificada en exactamente un mes, con acceso a gimnasio que lo mantiene «contento» y consciente de todo. Periodistas como Laura Ubfal y Paula Varela destacaron que el actor está enfocado en su bienestar, «quiere dar el cien» en su regreso laboral y que la internación fue premeditada, no improvisada.
Este episodio recuerda casos como la internación de Roberto García Moritán post-separación de Pampita, subrayando cómo el escrutinio público puede empujar a figuras del espectáculo a buscar ayuda profesional para reconstruir su estabilidad emocional. Mientras tanto, Castro se aleja de la exposición para priorizar su sanación, dejando lecciones sobre los costos de la fama en Argentina.
